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El rincón de Clío

Aníbal

Aníbal

Por un asunto que ya comentaré más adelante llevo un tiempo sumergido en los avatares de las Guerras Púnicas, en especial de la segunda. Pues bien, hace un par de meses compré en la Feria del Libro de Ocasión de Barcelona una serie de novelas históricas publicadas un par de años atrás por El País. Entre ellas estaba Anibal, obra del alemán Gisbert Haefs. El nombre de la novela ya deja muy claro el contenido del libro, aunque he de reconocer que Haefs va mucho más allá que la simple descripción de la vida del estratega púnico.

De hecho, Anibal es casi un personaje secundario, ya que el que narra la historia es un meteco (habitante sin derechos políticos; es decir, no podía elegir ni ser elegido para cargos públicos) heleno de Cartago llamado Antígono. Así, el griego traza un retrato de un Aníbal valiente y dotado de una inteligencia y astucia sobresalientes. Rasgos que en parte hereda de la figura de Amílcar, su padre. Los bárcidas, esa familia que tuvo en jaque a Roma se erige como la única capaz de salvar a Cartago del desastre. Como en toda novela tiene que existir un villano, y en esta el papel recae en Hanón, un pérfido sacerdote de Baal empeñado en hacer fracasar los palnes de Amícar primero y Aníbal después. Pero eso ya entre dentro de la trama y no quisiera revelar más de lo necesario.

La novela es una mezcla perfecta de intriga, aventuras, batallas y cierta dosis destacble de imaginación. Se nota que el autor ha leído las Vidas Paralelas de Plutarco, el Salambó de Flaubert y una cantidad considerable de historiografía sobre la época.

El único pero que le pondría al libro, si es que se puede decir así, es que el autor demoniza en exceso a Roma. Así, Haefs describe a éste como una civilización militarista empeñada en hacer desaparecer de la faz de la tierra a sus adversarios. Y en cierto modo fue así, pero en contraposición los cartagineses son retratados como una especie de hermanitas de la caridad, liberales, tolerantes con los pueblos que someten e interesados únicamente en el comercio. Ni una cosa ni la otra son totalmente ciertas. Roma, además de conquistar también construyó, fomentó la cultura, introdujo el Derecho y construyó, en definitiva, la base sobre la que se erigiría más tarde el mundo occidental. Por su parte, Cartago sometió a sangre y fuego a pueblos indígenas a los que impuso impuestos y levas forzosas.

Pese a todo, Anibal es una colosal novela histórica en la que se retrata un pueblo, el cartaginés, opulento y sabio. Cartago fue durante algunos siglos la Nueva York de la época, una ciudad fastuosa donde gentes de todo el Mediterráneo acudían para comerciar e intercambiar conocimientos. Esto queda perfectamente retratado en la novela. Más aún, Haefs consigue tomar el pulso de una época apasionante en la que se decidió el futuro la humanidad.

Como anécdota diré que, en mi calidad de lector español, me causó cierto sentimiento de orgullo el ver aparecer una vez tras otra a orgullosos y valientes guerreros íberos. Unos soldados que, junto a númidas y galos, plantaron cara y vencireon en numerosas ocasiones a las disciplinadas legiones romanas.

En definitiva, recomiendo encarecidamente la lectura de sus 615 páginas. Por cierto, el autor incluye al final del libro un glosario y una cronología que resultan en extremo útiles para seguir la lectura con fluidez.

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1 comentario

La flauta mágica -

Amigo, ¿tendrás alguna recomendación de novela histórica sobre la Europa medieval?.
Gracias y feliz año!
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