Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2008.

The Tudors

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A petición de mi querido amigo Walter, a la sazón mi charro mejicano preferido, retomo la andadura de este bolg dedicado a la Historia en su versión más lúdica.

Para el primer artículo de esta nueva “temporada” he decidido hablarles de una serie de televisión norteamericana que ha llenado gran parte de mis noches del mes de diciembre. Se trata de The Tudors, producida por la cadena Showtime y que narra las vicisitudes, intrigas, amoríos y venganzas en la atribulada corte de Enrique VIII de Inglaterra.

The Tudors recurda, y mucho, a Roma, aquella otra magnífica serie de la cadena HBO que recuperaba los últimos años de la República Romana. Pues bien, The Tudors tiene en común con aquella el gusto por el detalle y por los escenarios, amén de una trama que atrapa desde el primer momento y que engancha literalmente al espectador a la pantalla.La serie, hasta la fecha, consta de dos temporadas, aunque pronto hará su parición la última entrega.

Es de agradecer que en una serie escrita e interpretada por anglosajones se tenga una cierta sensibilidad por los personajes españoles. Y digo esto porque tras haber visto en películas como Elisabeth y su secuela, en las que los españoles son poco más que africanos fanatizados por la religión, en The Tudors se los presenta como al resto de europeos del momento. Interesante resulta el personaje de la reina Catalina de Aragón, a la sazón primera esposa de Enrique VIII e hija de los Reyes Católicos. No se la presenta, pese a su vida piadosa, como a una especie de inquisidora, sino como a una reina inteligente y tenaz. El único fallo, y aquí sí que se cae en el tópico, es que la actriz es morena, una concesión a la idea de que todos los españoles lo somos, mientras que en la realidad la reina Catalina era rubia. Quizá también la mandíbula de Carlos V sea algo desproporcionada, aunque el personaje del emperador está bastante logrado.

Por lo demás, el elenco de actores realizan un magnífico trabajo y presentan un apasionante fresco de los primeros años del siglos XVI en la corte inglesa. Igual que en Roma, aquí también abundan las escenas subidas de tono, pero ¿acaso no ha sido el sexo una de las constantes en la historia de los hombres?

Por otro lado, quizá se haya tirado demasiado de ordenador para recrear algunos edificios, aunque esto se entiende ante la imposibilidad de recrearlos de cualquier otra forma.

Ya en lo subjetivo, de entre todos los personajes me quedo con dos: el cardenal Wolsey y Thomas More, más conocido por todos como Tomás Moro, autor de Utopía y canciller de Enrique VIII, que prefirió la muerte antes de someter sus creencias a los caprichos de su señor.Y en esto creo que se nota la mano de un guionista católico, o al menos no protestante, porque lo cierto es que no se acaba de dejar muy bien al protestantismo, al menos el inglés.

En definitiva, una gran serie que pueden ustedes bajar de aquí. Por cierto, la serie está en V.O. subtitulada, cosa que se agradece.

 

15/12/2008 13:24 Autor: rincondeclio. #. Hay 2 comentarios.

Juliano el Apóstata

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El emperador romano Juliano, de la casa de los Flavios, gobernó el Imperio durante un breve periodo de tiempo que va del año 361 al 362 dC. En el trono imperial sucedió a su primo Constancio, hijo de Constantino el Grande, emperador que proclamó el cristianismo como religión oficial del Imperio.

La figura de Juliano ha atraído siempre la atención de muchos estudiosos por las reformas religiosoas que llevó, o mejor dicho, pretendió llevar a cabo en el seno del Imperio. Helenista convencido, Juliano intentó volver al culto de los antiguos dioses del panteón romano. Es por ello que se le denominó el apóstata por los cristianos y pasó a la Historia como un adversario de éstos.

Juliano el Apóstata es también el título de una magnífica novela de Gore Vidal en la que se narra la corta vida de este brillante emperador, muerto a los 32 años. A travñs de una supuesta biografía escrita por él y recuperada por el sofista Prisco y el filósofo Libanio, éste último intenta vindicar la figura del emperador y sus muchos logros, entre los que destacan los militares. Juliano nunca perdió una batalla, pese a que su formación fue la de un estudiante de Filosofía. Gore Vidal nos narra cómo el joven Juliano, más interesado por el estudio y los misterios (como los de Eléusis o Mitra) acaba convirtiéndose en un gran general que, incluso, llega a invadir Persia.

Las referencias históricas y la ficción se dan la mano de forma magistral en esta novela que engancha desde la primera página. También el periodo cronológico en el que se sitúa la acción es apasionante, puesto que nos encontramos en un momento de profundo cambio en la ideosincrasia del Imperio, justo cuando los bárbaros empiezan a asediar las fronteras de Roma y el viejo mundo llega a su fin.

También es de agradecer que pese a que Juliano se presenta como el héroe de la historia, también se pongan de manifiesto sus debilidades, entre las que destacan su apego desmesurado por las antiguas formas religiosas y su dependencia de personajes oscuros como Máximo. Juliano intenta ser tolerante con el cristianismo, aunque su plan es desterrarlo del corazón del Imperio para volver a los tiempos de César y Octavio Augusto.

Gracias a la narración de Vidal uno puede familiarizarse con filósofos como Plotino y descubrir un mundo en decadencia pero sumamente rico en matices.

En resumidas cuentas, Juliano el Apóstata es una novela muy recomendable para pasar buenos momentos y conocer más de cerca la vida durante el Bajo Imperio Romano.

Existen diversas ediciones de esta novela publicada en los 60, aunque en mi caso me hice con la edición de El País encuadrada dentro de su colección de Novela histórica.

 

20/12/2008 14:31 Autor: rincondeclio. #. Hay 1 comentario.

Combate sobre España, memorias de un piloto de caza

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La Guerra Civil Española es uno de los periodos más controvertidos y estudiados por la historiografía hispana contemporánea. Un sinfín de títulos sobre la contienda copan los estantes de la librerías y ofrecen distintos puntos de vista sobre los orígenes y desarrollo de unos hechos tan luctuosos como apasionantes.

Pero a veces es mejor acudir a la narración en primera persona, a la historia contada por sus protagonistas, para obtener una visión alejada del mucha veces demasiado estrecho punto de vista del historiador profesional.

Este año que acaba descubrí, o mejor dicho redescrubrí, un viejo libro de tapa de tela en la biblioteca de mi padre. Digo redescubrir porque ya cayó en mis manos durante mi más tierna infancia, como prueban unos curiosos y ahora molestos garabatos que dibujé en la portada de papel.

Combate sobre España es una pequeña joya desconocida de la literatura de la Guerra Civil. En sus páginas, don José Larios, marqués del mismo nombre, narra sus vicisitudes como aviador del bando nacional. Primero como bombardero (en el sentido más estricto del término, ya que lanzaba a mano las bombas desde la bodega de un Junkers 52) luego como piloto de caza de un Fiat CR 31, las experiencias contadas por Larios ponen de manifiesto una parte poco conocida de la contienda: la guerra aérea.

José Larios, aristócrata criado en Inglaterra, bon vivant y viajero empedernido, acude desde Gran Bretaña a su Andalucía natal para sumarse a la rebelión de los generales rebeldes. De allí, y tras un breve periodo, se enrola en las filas de la aviación de los sublevados. A partir de aquí todo serán frentes de batalla y nuevos aeródromos. Sorprende que, pese a las creencias del aviador, los republicanos, o mejor dicho los combatientes republicanos, son tratados con un respeto que podría definirse como caballeresco. Eso sí, el primer capítulo del libro se extiende sobre datos históricos y puntos de vistas personales sobre los años de la República. Es por eso que hay que leer Combate sobre España con un cierto distanciamiento en lo político. Me decía un profesor de la facultad de periodismo que siempre hay que afrontar una entrevista armado con un prejuicio, y lo mismo podría decirse de este magnífico libro. Uno tiene que acercarse a él sabiendo que se trata de las vivencias de alguien que combatió con pasión por una causa determinada. A partir de ahí, sólo puedo definir la lectura de Combate sobre España como deliciosa.

Además de acercarnos a la vida durante la guerra, a las vicisitudes de un piloto que no sabe si habrá un mañana, el libro recorre el pasaje de una España devastada por un conflicto fratricida. Lugares, gentes y anécdotas de todo tipo sazonan esta obra singular. Como aquella en la que el escritor narra cómo los integrantes de la Legión Cóndor aguardan en perfecta formación prusiana su turno a la puerta de un burdel sevillano. O cómo los soldados, a su vuelta del frente, pasaban interminables noches de juerga por los locales de la Zaragoza nocturna.

Todo ello por no hablar de los apasionantes combates sobre el cielo de Madrid o del Ebro, cuando los Fiat nacionales entablaban lucha sin cuartel con los los Policarkov soviéticos, preludio de lo que poco más tarde sucedería sobre los campos de batalla europeos.

Uno casi puede sentir la palanca de un “Chirri” (como así llamaban a los cazas nacionales) entre las manos, experimentar el miedo que se siente al tener a un “Chato” a las 6 escupiendo fuego, o sufrir todo el peso de la guerra y su locura al tener que ametrallar en cadena a una formación de infantería.

Larios llegó a capitán en las filas de los vencedores, aunque se retiró después de la guerra para vivir con su mujer y dedicarse a otros asuntos. Treinta años después de los hechos narrados, Larios escribió Combate sobre España como testimonio de unos hechos terribles y amargos, pero también apasionados y que marcaron a fuego a todos aquellos que participaron en él.

23/12/2008 13:57 Autor: rincondeclio. #. Hay 1 comentario.

La huella genética de sefardíes y bereberes

 

Que España ha sido un cruce de culturas a lo largo de los siglos no es nada nuevo. Por este solar ibérico han pasado fenicios, griegos, romanos, germanos, árabes, judíos y norteafricanos entre otoros. Lo que nunca se había llegado a cuantificar es el aporte genético que estos grupos habían dejado en los españoles de la actualidad.

Pues bien, un estudio llevado a cabo por la Universidad de Leicester (Reino Unido) y por la Universitat Pompeu Fabra demuestra que un 20% de los españoles tiene antepasados sefarditas y otro 10% norteafricanos. El estudio se centra en el cromosoma Y, por lo que sólo se hace referencia al linaje masculino de los sujetos. Lo que se ha vendio a demostrar es, en términos muy simples, que 2 de cada 10 españoles tienen un antepasado masculino por vía paterna (el padre, del padre, del padre, etc) de origen judío, y 1 de cada 10 procedente del norte de África, o sea, bereber. El resto del aporte genético de los españoles está conformado por el mismo sustrato común en casi todos los europeos.

Estos datos representan la media, puesto que en Asturias, por ejemplo, el 45% de los sujetos estudiados mostraban coincidencias con el grupo sefardí, mientras que sólo 6 de cada 100 catalanes parece tener antepasados hebreos.

Lo más curioso de este estudio es que parece que las poblaciones con más incidencia sefardí y norteafricana no se sitúan, como sería de esperar, en el sur de la península. Así, la presencia de antepasados provinientes del norte de África es mínima en zonas como Granada, y bastante destacable en el oeste de Castilla.

De todas formas, al no haber estudiado los linajes maternos se puede llegar a la conclusión de que el aporte de estos grupos puede ser mucho más destacado de lo apreciable por los datos de este estudio.

 

 

29/12/2008 14:26 Autor: rincondeclio. #. No hay comentarios. Comentar.


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